¿Un año ya?

¿Un año ya?

Efectivamente, y es lo que llevo escuchando desde hace varios días. Llega la fecha en que mi vida dio un giro de 180 grados.

Durante este año sin mi amor, he tenido que ejercer de padre, madre, profesor, cocinero, consejero, administrador…, cosas que antes hacíamos en pareja y que procurábamos organizarnos como cualquier familia.

Recuerdo cuando hablábamos cómo sería nuestra jubilación y de cómo nos haríamos mayores día a día.  Mi amor me decía que prefería irse ella antes porque no sería capaz de soportar tanto dolor sin mí. Ironías de la vida,  así fue, demasiado pronto, pero como ella quería. Yo le decía que estuviese tranquila, que por ley de vida, soy diez años mayor que ella, me iría yo antes. Sin embargo, como el destino no lo elegimos nosotros, tuvo ese fatal capricho.

El más fuerte de la familia sin duda alguna es mi niño Mario. Lo asume con fuerza y dignidad. Todos los días hablamos de su mami, de lo que le gustaba, lo que no, lo que quería en cada momento, sus viajes programados, su forma de disfrutar la vida… y ésto me hace pensar que los niños canalizan el dolor más fácilmente que los adultos, con más naturalidad. Nosotros vemos el futuro en gris o negro, en cambio ellos, lo visualizan en colores, en color esperanza, en un juego para ellos en el que son protagonistas en primera persona.

 

Hace poco me llamó María, de la Fundación 38 Grados, para comentarme un proyecto que tenían en vías de comenzar a corto plazo, en unos seis meses. Escribir un libro para contar sus experiencias en la fundación, sus logros, sus historias, encuentros, deseos… y ahí entramos Myriam y yo.

Gracias a la fundación, mi amor pudo hacer realidad un deseo que llevaba mucho tiempo con ganas de llevara a cabo, y que por culpa de su enfermedad, lo veía casi imposible.

Gracias a Pepe Rodríguez, chef reconocido, a quién le faltó tiempo para él mismo obsequiarnos con un menú degustación de estrellas Michelin en el mismo hospital donde Myriam estaba ingresada. Muchas gracias Pepe.

Gracias  al personal del hospital que se movilizó para que todo saliese como queríamos, que así fue.

Espectacular ver la cara de felicidad de mi amor al sentirse protagonista de un sueño, del cual, tardó tiempo en despertar. Era su deseo, solo quería disfrutar de una comida de ese nivel. Cualquier mortal hubiese querido, no sé, conducir un Ferrari, saltar en paracaídas, pero ella sólo quería eso, humilde hasta el final.

En definitiva, somos una de las historias elegidas para formar parte del libro que no sabemos  a ciencia cierta cuándo verá la luz. Pero esos sí, lo seguro es que será un digno premio planeta.

 

En fin, estoy intentando salir de este triángulo amoroso que tengo, que es casa, trabajo y Mercadona, porque no me hace ningún bien y no es lo que Myriam quería.

Veinticuatro horas antes de irse, me dijo que viviese, que era muy joven, y que aprovechase cada minuto como si tuviese fecha de caducidad. Myriam en estado puro, dejando todo atadito, nada al azar, incluso programándome las visitas del niño al médico, la entrada al instituto, y más cosas que no son tan interesantes, pero que había que hacerlas, cosas de familia, ya os podéis imaginar, increíble mujer y más increíble persona.

 

Al cumplirse un año ya, con estas emociones, que no serán como las que hubiera escrito mi amor, porque ella era especial como bien sabéis, solo quería agradecer a todas las personas a mi alrededor el cariño y preocupación por nosotros, por mi hijo y por mí. A la gente de la urbanización donde vivimos, a los amigos, a la familia de la tele, a mi familia y sobre todo a mi hijo, quién me hace ver que hay un futuro por delante.

 

Y como decía Julio Iglesias: “La vida sigue igual”…

 

No amigo Julio, la vida no sigue igual,  simplemente  la vida sigue.

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Gracias por dedicar unos minutos de vuestro tiempo a leerlo.

 

MATRIX

BAILANDO CONTIGO PARA SIEMPRE
Bailando contigo para siempre

MATRIX

 

Está claro que no se puede decir nunca que algo es lo mejor o lo peor, porque si el mes de agosto fue malo, el de septiembre y lo que llevamos de octubre no se quedan atrás. El 11 de septiembre fui al hospital grande y me tuve que quedar ingresada por una suboclusión del intestino.

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Mi madre es radiactiva

PASILLOS MEDICINA NUCLEAR TOMATE
Pasillo de medicina nuclear del Hospital 12 de octubre de Madrid

Cada noche, entre las dos y las tres de la madrugada me despierto y escucho a una jauría de perros que viven en un corral del pueblo. Están a un kilómetro de mi casa, pero como vivimos pegando al campo todos los sonidos se oyen como si estuvieran debajo de la ventana. Eso nos pasa también en las fiestas, que la orquesta toca para nosotros, queramos o no.Leer más »

Súper Yonkie

PASTILLAS
Una muestra de las pastillas que me tomo al día. 

¡Yo te veo muy bien!, ¡Estás guapísima!, ¡Qué valiente eres!, ¡No llores, que me haces llorar a mí!, ¡Ánimo, que lo más importante es la actitud!, ¡Si ya has pasado lo peor!, ¡Eres muy fuerte!, ¡El año que viene esto sólo será un mal recuerdo!, ¡Vas a poder con él!Leer más »

Pedacitos de cielo

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Nuestra Playa, el año pasado en uno de mis paseos mañaneros

Este verano está siendo raro, por estas fechas siempre estamos en la playa, pero este año los médicos no me han dado permiso para irme, con eso de que acabo de empezar el ensayo clínico. En la primera consulta del nuevo hospital se lo preguntamos a Mateo y nos dijo que quizá en agosto o septiembre, según fueran las cosas. Así que estamos mi amore y yo solos en casa, sin nuestro pequeño, al que hemos mandado al campamento de la Tita Paloma. Es un campamento estupendo, porque sin necesidad de pulserita lleva el Todo Incluido: playa, piscina, comida casera, actividades lúdicas en el mar, paseos en barco, cine, cenas, y primas que no podrían cuidarlo mejor. Aunque sé que se lo está pasando genial y está perfectamente, hoy me he levantado con un sentimiento de nostalgia muy grande, de gallina sin su pollito. Cómo se les echa de menos cuando no están. Leer más »

Cambios, cambios, cambios.

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Tatiana y yo en una de nuestras pruebas, la foto es de mi amiga Encarna Martínez

Otra vez soy “la nueva”. Los cambios dicen que siempre vienen bien, pero a mí este cambio de hospital no me está gustando mucho de momento. Esa sensación de lo desconocido, del abismo, de llegar a la ciudad que es el nuevo hospital y tener que recorrer un parking gigante, pasillos, ascensores, siga la línea azul, siga la línea morada, sala 20, coja número. Es abrumador llegar a un edificio entero dedicado a oncología y ver tantas personas a las que les ha tocado la misma “lotería” que a ti. De todas las edades, hombres, mujeres, jóvenes, menos jóvenes, ancianos, personas de mediana edad. Cada uno de ellos con su historia, con sus dolores, con su familia que los acompaña, o solos. La mayoría ya sabían cómo iba la vaina. El sistema es parecido al del hospital pequeño, pero como aquí hay mucha más gente pues han instalado una máquina expendedora de números, como en la frutería o en la carnicería. No digo que no sea útil, porque lo es, pero la sensación es rara, quizá por ser el primer día que iba. Cuando vaya más veces ya no tendré que preguntarlo todo, ni me pondré tan nerviosa, pero es que ser novata es difícil.

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Refranes

MIS CHICAS
Mis chicas, que tanto me están dando.

“A perro flaco todo se le vuelven pulgas”. Este refrán, aprendido de mi madre, que tiene un refrán para cada cosa, me va al pelo en este momento. Pero en mi caso no han sido pulgas sino un maldito mosquito que hace ya casi una semana me picó en el dedo gordo del pie, así que, de madrugada, con estos calores me levanté al baño a buscar la talquistina, unos polvitos que me ayudaron mucho cuando a mis 37 añazos pasé la varicela. Me la había contagiado mi hijo, que era muy pequeño y lo pasó muy mal, pero no lo recuerda. Yo sí que lo recuerdo, vaya si lo recuerdo porque era julio, con muchísimo calor como ahora y nos habíamos ido a pasar 15 días de Benalmádena, a un mini apartamento que acabé conociendo palmo a palmo, porque el primer grano me salió según llegamos y al día siguiente ya empezó todo el cuerpo a llenarse de granos y la fiebre. ¡Qué buena suerte he tenido siempre con los viajes! Leer más »

El camarote de los hermanos Marx

SALA DE QUIMIO
Antes del carboplatino, en la sala de quimioterapia.

Llevo un par de semanas subida en una montaña rusa, de emociones y de sensaciones. Días de dolor, días de familia, celebraciones, altos y bajos que me han tenido muy ocupada. Ahora no trabajo, estoy de baja porque no puedo ir a trabajar, ojalá pudiera. Pero tengo la agenda muy llena, de citas médicas, de pruebas, de eventos familiares. Me han pasado cosas increíbles estos días y por eso he pensado en hacer un “flash forward” en mi relato. O sea, que me adelanto en el tiempo y me pongo en el presente porque como os digo has sido semanas muy intensas. Mis compañeros de Castilla-la Mancha Media me han hecho un precioso reportaje que podéis ver aquí y he hecho mi primera intervención en un programa de radio, Pasaba por aquí de CMMedia radio, que podéis escuchar aquí o aquí.

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La visita al Gurú

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Mi primera visita al Gurú

Desde que mi diagnóstico fue definitivo me habían hablado de la Doctora Esteban, la Doctora Rosero y su equipo y también el Doctor Macizo, que cuando me despedí de él me dijo que ella era la que llevaría mi caso, pero no vino a verme a la habitación ni nada. El día que me dieron el alta, en la infame habitación de las tres camas ingresó una señora mayor, que de joven debió ser una belleza, porque aún lo era con más de 70, con unos ojos azules y una dulzura increíble. Se llamaba Marina, aunque en su DNI pusiera otro nombre, pero la verdad es que esa maravillosa mujer tenía cara de Marina, no de Benita. Ella ya había sido paciente de la Doctora Esteban hacía años, por un cáncer de mama que se curó, pero le habían visto algo en el otro pecho y parece que volvía a empezar su proceso de pruebas, y su calvario de nuevo. Pero ella estaba tranquila. Me preguntó qué me pasaba y quién me iba a tratar y al decirle el nombre me habló maravillas y que no me preocupase, que todo iría bien, porque yo era joven y se volcarían conmigo, como así ha sido, la verdad.

Por fin llegó el día de la consulta. Leer más »

Infierno

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Días de infierno. 

El sábado después del primer ciclo de quimioterapia me encontraba realmente bien, ni siquiera estaba cansada después de la paliza de tropecientas horas de tratamiento, la vuelta a casa y apenas dormir. Supongo que levantarme en mi cama, la alegría de mi perrito Willy y tener espacio para moverme, ducharme sin chanclas y sin el miedo a que cualquiera entre y te vea en pelotas, te da una energía extra. Me arreglé por primera vez en casi un mes y salí a la calle. La casa de mis padres está muy cerca y fuimos dando un paseo, me puse vestido y zapatillas, porque está súper de moda y porque llevaba tantos días en zapatillas de estar por casa que no me atreví a calzarme los tacones. Además, que los tacones no son sólo zapatos, son una actitud, aunque lleves deportivas, chanclas o pantuflas. Leer más »